El pionero del ciclismo español en la década de los 80 falleció en Ávila a los 70 años.
El ciclismo español perdió hoy a uno de los pioneros que devolvió la ilusión en la década de los ochenta.
Ángel Arroyo falleció en Ávila a los 70 años, dejando el recuerdo imborrable de una gesta que reabrió las puertas de la gloria en Europa.
Su carrera profesional comenzó en 1979 con el equipo Moliner-Bereko, logrando triunfos tempranos como una etapa en la Vuelta a Alemania y la clasificación de la montaña en la Vuelta a Asturias.
El hito que marcó su trayectoria ocurrió en 1983 vistiendo los colores del mítico equipo Reynolds.
En aquel año, durante su debut en el Tour de Francia, Arroyo conquistó la célebre cronoescalada al Puy de Dôme y alcanzó un histórico segundo puesto en la clasificación general, solo por detrás de Laurent Fignon.
Esta actuación devolvió a España al podio de la ronda francesa y sirvió como antesala para las épocas doradas de Pedro Delgado y Miguel Induráin.
A pesar de sus éxitos, los problemas de salud interrumpieron su trayectoria. Una brucelosis mal detectada y posteriores complicaciones familiares minaron su rendimiento físico, llevándolo al retiro definitivo en 1989.
El Ayuntamiento de Ávila decretó dos días de luto oficial en su honor, instalando la capilla ardiente en el palacio de Superunda para rendir homenaje al hombre que devolvió a su país a la cumbre de la ruta internacional.
Feliz fuga, Ángel Arroyo!
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