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Alexander Zverev sonriendo con el trofeo.

Zverev: el niño al que la diabetes no pudo detener

Alexander Zverev ganó el US Open 2026, pero detrás del trofeo hay una historia que comenzó cuando era niño.

Alexander Zverev no sabía que había ganado el US Open. Ben Shelton acababa de mandar la pelota fuera del Arthur Ashe Stadium y el alemán, en lugar de levantar los brazos, caminó hacia atrás mirando el suelo. Pensaba en el siguiente saque. El partido, para él, todavía no había terminado.

Entonces escuchó al público. Miles de personas se pusieron de pie. La jueza de silla anunció el resultado. Zverev miró alrededor y entendió lo que acababa de ocurrir. Solo entonces apareció la celebración del campeón.

Había derrotado a Shelton en cuatro sets, 6-3, 7-6, 5-7 y 6-2, y acababa de conquistar el US Open. Pero aquella escena tenía un significado mayor para un jugador que durante años había aprendido a convivir con algo que nunca aparecía en el marcador.

A los cuatro años, Alexander fue diagnosticado con diabetes tipo 1. Los médicos le explicaron a su madre que aquella condición podía limitar su vida y que el deporte de alto rendimiento podía convertirse en un problema.

Ella no aceptó ese futuro. Su respuesta fue sencilla: si su hijo quería ser tenista, sería tenista. La enfermedad, decidió, no podía convertirse en la persona que definiera a Alexander.

Zverev creció aprendiendo a competir con esa condición. Durante los partidos controla sus niveles de glucosa mediante un dispositivo conectado a su teléfono y, cuando lo necesita, utiliza insulina durante los descansos.

En la final del US Open volvió a hacerlo. Mientras Shelton buscaba la manera de prolongar el partido, Zverev también vigilaba algo que el público difícilmente podía ver. Su cuerpo necesitaba atención para que su tenis pudiera continuar.

Por eso el trofeo de Nueva York representa algo más que el segundo Grand Slam de su carrera. También completa un recorrido después de tres finales perdidas: el US Open de 2020, Roland Garros 2024 y el Australian Open 2025.

Esta vez no hubo derrota en el último paso. Hubo una pelota que se fue larga, un estadio que se levantó y un campeón que tardó unos segundos en comprender que finalmente había llegado su momento.

Alexander Zverev levantó el trofeo. El niño al que alguna vez le dijeron que la enfermedad podía poner límites a sus sueños acababa de responder en la pista.

Foto: Matthew Stockman/Getty Images.

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Padre de Kamila. Comunicador social – periodista. Autor de Las Crónicas de Ángel. Finalista de los AIPS Sport Media Awards, ganador del Premio Nacional de Periodismo Fabio Poveda Márquez y múltiples reconocimientos.

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