Didier Fuentes dio otro paso hacia las Grandes Ligas con un debut que ilusiona a Tolú y al béisbol colombiano.
Hay sueños que comienzan en un parque de barrio y terminan frente a miles de espectadores. Didier Fuentes todavía no llega a ese último escenario, pero cada lanzamiento lo acerca un poco más.
Desde Betania, en Tolú, el joven lanzador aprendió que la paciencia también se entrena. Por eso, cuando el domingo 15 de junio subió al montículo de los Gwinnett Stripers, filial Triple-A de los Bravos de Atlanta, parecía cargar algo más que una pelota en la mano: llevaba consigo la ilusión de todo un pueblo.
Su estreno no pudo ser mejor. Lanzó 4.2 entradas, permitió apenas una carrera limpia y ponchó a seis bateadores de los Memphis Redbirds. Fue una carta de presentación que confirmó por qué la organización decidió ascenderlo apenas dos días después de dominar la Doble-A con nueve ponches en solo cuatro episodios.
Ni siquiera una ampolla logró detener el impulso de este derecho de apenas 19 años, considerado el décimo mejor prospecto de los Bravos. Con ese ascenso quedó a un paso del escenario que todo pelotero imagina desde niño: las Grandes Ligas.
Pero la historia de Didier no empezó en Estados Unidos. Comenzó en la escuela Astros Amigos, bajo la orientación de Óscar González. Continuó en la academia Necios de Tolú, con Manuel Cañavera, y siguió creciendo en Prospect Sports, dirigida por el exgrandesligas Orlando Cabrera.
Cada escalón fue construido con disciplina, sin atajos.
En Betania siguen viviendo sus padres, Ramón Fuentes Garay y Aíra Martínez Meza. Allí nació el muchacho que hoy ilusiona con convertirse en el primer toludeño en debutar en las Grandes Ligas.
Su historia todavía escribe los primeros capítulos. Sin embargo, cada vez que Didier Fuentes se sube al montículo, Tolú siente que uno de los suyos ya comenzó a lanzar mucho más cerca de la eternidad.
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