Didier Fuentes debutó en la MLB después de que una pelota de foul encontrara, como guiada por el destino, las manos de su padre en las tribunas del LoanDepot Park.
Todavía no era oficialmente lanzador de Grandes Ligas. Didier Fuentes aguardaba en el dugout de los Bravos de Atlanta mientras el LoanDepot Park respiraba la tensión propia de las grandes ocasiones. A sus 20 años estaba a minutos de cumplir el sueño que comenzó entre los diamantes polvorientos de Tolú, Sucre, donde aprendió que los sueños también se entrenan.
En las gradas, Ramón Fuentes Garay apenas lograba contener la emoción. Había viajado de última hora desde Colombia para acompañar a su hijo en el día más importante de su carrera. No imaginaba que el destino también lo había citado a él.
Corría la primera entrada cuando un batazo de foul salió disparado hacia las tribunas. La pelota rebotó una vez y terminó, limpia, en sus manos.
Ramón la sostuvo con fuerza.
No era la pelota del debut. Era el primer recuerdo de una jornada que apenas comenzaba y que ya parecía escrita por alguien más.
Minutos después, Didier recibió la señal del mánager Brian Snitker y caminó hacia el montículo. Allí lanzó la primera recta de su vida en las Grandes Ligas, convirtiéndose en uno de los colombianos más jóvenes en alcanzar la Gran Carpa.
El derecho enfrentó cinco entradas, permitió cuatro carreras limpias, ponchó a tres bateadores y dejó destellos del talento que lo convirtió en uno de los principales prospectos de la organización de Atlanta. El jonrón de Agustín Ramírez golpeó la estadística, pero no borró la dimensión de aquella tarde.
Después vendrían los abrazos, las fotografías y la emoción compartida con su familia. También el regreso a Triple-A, parte natural del proceso de formación que Atlanta tiene previsto para él.
Pero nadie podrá quitarle aquel primer capítulo.
Porque antes de que Didier Fuentes debutara en la MLB, el béisbol ya había dejado una señal en las manos de su padre. Y desde entonces, en Tolú, muchos están convencidos de que algunas historias sí parecen escritas por el destino.
Ramón Fuentes sosteniendo la pelota de foul en las gradas.
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